PSICOLOGIA: TRASTORNOS ALIMENTARIOS
27 de julio de 2007
(Publicado en: Suplemento de Salud del Diario Clarín)
Para vencer la anorexia y la bulimia Un Hospital de Día, con sede en el Borda, ofrece atención gratuita e integral para chicos y chicas.
Por: Georgina Dritsos
El Hospital de Día para Trastornos de la Conducta Alimentaria ofrece un servicio integral, gratuito y único para este tipo de problemática que hoy afecta a entre un 10 y un 15 por ciento de los adolescentes. El lugar depende de la Red Interhospitalaria de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Gobierno porteño y tiene su sede en el tercer piso del pabellón central del hospital Borda.
El jefe del servicio es el psiquiatra Humberto Persano, especializado en este tipo de conductas y la vez impulsor del proyecto: “No acuerdo con este modelo de hospitales de salud mental, como el Borda, que están planteados como neuropsiquiátricos de internación de largo plazo. Pero existen. Por otro lado, vimos que en las adolescentes mujeres la mayor cantidad de consultas eran, y siguen siendo, por trastornos de la conducta alimentaria. Entonces, con mi equipo, propusimos armar un hospital de día ya que en los hospitales que corresponden al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no había ningún establecimiento especializado en trastornos de la alimentación”, explica.
El proyecto se puso en marcha en el año ´99. Hoy, el Hospital de Día atiende a adolescentes y jóvenes de 14 a 29 años, cuenta con 45 plazas y con un equipo multidisciplinario.
Entre las 8 de la mañana y las 2 de la tarde los “consultantes” -como se les dice allí a los pacientes- participan de diversos talleres y actividades, “En un principio concurren al taller de convivencia para que pueden empezar a comunicarse y a socializar sus problemas, porque una de las características de estas patologías es que son personas a las que les cuesta mucho pedir ayuda, expresar sus sentimientos. Por eso, pensamos que el abordaje grupal entre pares favorece el diálogo, sobre todo entre ellos mismos”, dice Persano. También hay un taller familiar una vez por semana para padres e hijos. “Los trastornos de la conducta alimentaria generan muchos problemas familiares y las mismas patologías familiares generan esta patología, se retroalimentan”, cuenta el psiquiatra. Asimismo, hay un taller de arte donde plasman su gran necesidad de expresión, y uno de cultura, con el mismo fin. Utilizan mucho la técnica del collage y por estos días están trabajando con la siguiente consigna: “¿Por qué consideran que son producto de esta cultura de la delgadez?”, que responde al abordaje sociológico y cultural que allí se le da a la problemática. Los resultados son sorprendentes; a través de un trabajo similar en equipo, los consultantes elaboraron un magnífico póster sobre el tema para presentar en un reciente congreso de psiquiatría en Mar del Plata.
Otro de los talleres más importantes es el de nutrición, donde reciben información sobre los alimentos, cómo cocinarlos, combinarlos y qué efectos tienen en la salud. En el del almuerzo, se intenta revalorizar la ceremonia de sentarse a almorzar, sin que por ello se fuerce a nadie a comer y lo mismo ocurre con el del desayuno.
La mayoría de los asistentes al Hospital de Día son mujeres de 18 a 27 años, con problemas de anorexia o bulimia que son las patologías más frecuentes, pero hay también un par de hombres, algunos de ellos con casos complejos de trastornos de género. Los tratamientos siempre son prolongados y pueden ser de alta frecuencia -cinco veces por semana-, mediana frecuencia -tres veces por semana-, o ambulatorios. En cuanto al equipo interdisciplinario, está compuesto por psicólogos, psiquiatras, nutricionistas, enfermeras y hasta sociólogos. El grupo también incluye pasantes, entre ellos, estudiantes de la carrera de Nutrición de la UBA.
“En las mujeres los trastornos de alimentación se dan más que nada en la pubertad porque es la etapa en la que puede surgirles una dificultad para aceptar el cuerpo adulto. Las chicas comienzan a tener partes del cuerpo que no les gustan. Una de las paradojas que vemos en la sociedad es que las empuja a hacerse grandes de golpe, aunque todavía no están preparadas para eso”, concluye Persano.
Testimonio 1Analía Kadener (25 años, Capital) abandonó sus estudios cuando empezó a tener “estos problemas”, como ella llama a sus trastornos de la conducta alimentaria. “Hace tres años empecé a tener angustia, ataques de pánico hasta que mi psiquiatra me derivó al Hospital de Día hace un año”. Analía comenzó a ir allí todos los días. “Entré a un taller de convivencia. Me limitaba a escuchar, no sabía qué decir. Empecé a verme reflejada en lo que decían los otros, a darme cuenta de que estas cosas no me pasaban sólo a mí y que por sobre todo no es una enfermedad, es un síntoma de otras cosas que se van dando. Hablar del atracón, de la bulimia no me resultaba sencillo. Y también me di cuenta de que todo nace en los vínculos familiares”. Hoy Analía está cerca de recibir el alta: “No sirve de nada tragarse las palabras y vomitar la bronca. Aprendí a vincularme con los profesionales y entre nosotras. Me siento mucho mejor”.
Testimonio 2Jimena Báez es de Ramos Mejía, tiene 20 años y trabaja como cajera. “Llegué acá hace nueve meses porque empecé con bulimia a los 15 años. Fue mi gran secreto hasta que se lo conté a mi hermana mayor. La bulimia me estaba dominando y mi hermana me dijo que me iba a ayudar y fue quien me comentó de este lugar. Al comienzo tenía serias dudas, no pensaba que me iban a poder ayudar. Venía a los talleres y dormía, y con mi familia no quería saber nada. Me empecé a abrir con la psicóloga. Estar acá me ayudó a escuchar, a compartir el dolor. Aprendí que si te dejás ayudar, todo se puede. Antes no hablaba con nadie. Prefería ir a comer y luego a vomitar. Ahora prefiero hablar, escuchar, pensar. Me di cuenta de que yo no soy responsable de todo”.
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