Thursday, September 13, 2007

Entrevista a Bill Nighy, el hombre pulpo de Piratas del Caribe




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espectáculos

Entrevista a Bill Nighy

“Me critico con dureza”

En Piratas del Caribe: En el fin del mundo , Bill Nighy vuelve a ponerse el traje del malvado “Davy Jones”, uno de los personajes más odiados y temidos de la historia y para quienes no recuerden de quién se trata, es aquel malvado ser - mitad humano, mitad calamar- que controla el barco de los malos: el Holandés Errante. El actor inglés, dueño de una larga y reconocida trayectoria teatral, televisiva y cinematográfica, está disfrutando, acaso por primera vez en la vida, de la fama mundial que le ha dado tener uno de los papeles protagónicos en el éxito de taquilla que, en la Argentina, desbancó a El Código Da Vinci del primer puesto en recaudación sólo el día del estreno.

Por Georgina Dritsos 12.06.2007







"La primera vez que me vi en la película me dio miedo". Fuente: Gentileza Disney


El público adulto quizá lo recuerde por un pequeño pero también logradísimo rol que desempeñó en la película Realmente Amor , aquella en la que Hugh Grant hacía de primer ministro enamorado y donde Bill interpretaba a un patético pero a la vez entrañable roquero entrado en años. Con un impecable sentido del humor bien “ british”, Bill cuenta imperdibles anécdotas de la filmación, siempre en un tono entre irónico y frontal que no tiene desperdicio. Sobre todo, cuando se queja de las vicisitudes que tuvo que afrontar para convertirse en un calamar…

-¿Los responsables de los efectos especiales se basaron mucho en sus expresiones faciales para darle vida a su personaje, Davy Jones?
- Se basaron del todo. Fueron completamente fieles a todo lo que pasaba en el set. Todo lo que hace Davy fue sacado de alguna parte de mi actuación. Son brillantes. Me sorprendí de que pudieran hacerlo. -¿Se reconoce a si mismo en el personaje? - Realmente no, pero ni mi mamá me reconocería! Para mí fue rarísimo verme. Recuerdo haber hecho todos esos gestos físicos, pero salió así, un bicho rarísimo. La primera vez que lo vi en la película me dio miedo.

-¿Cuál fue la motivación inicial para hacer ese rol?
- Había visto la primera película y me había gustado. Leí el guión de la segunda y vi que era divertido, romántico y aventurero. No sabía nada sobre el proceso, sólo sabía que era una gran historia y un gran papel. No sabía en qué me estaba metiendo hasta que hablé con la encargada del vestuario y le pregunté cuando iba a probarme mi disfraz. Y me contestó: “¿Nadie te ha dicho que no te toca ningún disfraz? A vos te toca esta otra cosa”. Y me mostró un par de tristísimos pijamas grises que se usan para luego ponerle los efectos especiales con la computadora. Me veía realmente estúpido vestido con eso. Las primeras semanas fueron de las más bravas que tuve en un trabajo.
- ¿Por qué?
- Es bastante después no perder la calma y la fe cuando entrás a un gran set de filmación vestido así y todos te miran con cara rara y nadie quiere almorzar con vos. ¡Es que te ven y se deprimen! En la segunda película nadie sabía cómo se vería la criatura, pero después, cuando la vimos y vinimos a hacer ésta, yo ya era el calamar. Me empezaron a respetar un poco más.
- A pesar de ser un calamar, siempre está rodeado de hermosas mujeres. En Inframundo I y II actuó con Kate Beckinsale, en Piratas con Keira Knightley y con Naomie Harris, en el teatro con Julianne Moore, ¿Cómo se las ingenia para que esto ocurra?
- No sé cómo lo logro. No sé qué está pasando y además hice una película, Escándalo, con Cate Blanchett y Judie Dench. Todos los días me pellizco para darme cuenta de que es verdad. Con Inframundo, me acuerdo de haber leído el guión y vi que mi personaje, que había estado dormido durante mil años, era despertado por Kate sangrando arriba de él. Pensé que probablemente era un buen papel para mí. Pero no sé cómo me pasan estas cosas. Al final, nunca me quedo con la chica, obviamente, porque no es comercialmente viable que un hombre de mi edad se quede con la chica, pero estoy muy complacido de trabajar con toda esta gente, porque además de ser muy hermosas, también tienen talento.
- En el papel de Davy Jones, el lenguaje corporal es muy importante. Para interpretarlo, ¿tuvo que hacer todo en base al cuerpo?
- Sí. Al principio fue bastante desalentador y no sabía cómo iba a funcionar. Sabía que tendría una pierna de cangrejo y una pinza de cangrejo en lugar de un brazo. Había visto dibujos de Davy, entonces sabía que tendría tentáculos y que no podía acerarme mucho a los otros actores porque se enredarían en mi barba (se ríe). Son cosas importantes para tener en cuenta. Entonces busqué una forma de caminar, para que pegara con la pinza de cangrejo; para eso en algunos momentos me apoyaba en un palo. En cuanto a la parte vocal, había decidido que mi personaje hablara en un tono escocés violento que quedaba bien con su forma de caminar. Sólo con ver el dibujo pensé que era una criatura fantástica, entonces quería hacer algo distinto, no podía actuar de forma normal. Tenía que investirlo de una interpretación lo suficientemente grande para llenarlo. Creo que funcionó bien.
- ¿Cómo reaccionaron sus amigos y su familia la primera vez que lo vieron en el cine?
- Hubo miradas muy extrañas. Van a ver una película con la idea de verte y en lugar de eso ven un calamar y mucha gente no se dio cuenta de que era yo hasta el final. Ahora ya se acostumbraron. Hoy tengo mucha llegada con los chicos, hasta han hecho muñecos de mi. La gente pequeña entiende de qué se trata todo esto.
- ¿Qué le ha traído este rol a su carrera, a su vida?
- No estoy seguro, nunca lo sé realmente, quizá más adelante me entere. Lo que sé es que me ha dado mucha fuerza. Cuando entrás a un gran set de filmación vestido como un payaso y te muestran una foto de la más espeluznante criatura en las olas del océano y luego dicen: “Acción”, la opción que tenés es volverte al aeropuerto.
- ¿Y pensó en abandonar el set?
- Claro, pensé: “¿Quién necesita esto?”. Por eso, durante los primeros días de filmación repetía en mi mente, una y otra vez, la cifra que me iban a pagar por ser Davy Jones, porque pensé que era la única cosa que me quedaba. ¿Entendés? ¡Me robaron mi dignidad y no tenía ni idea de cómo interpretar el papel! Por otro lado, soy un crítico bastante duro de mi mismo, me cuesta pensar positivamente sobre mí, pero estoy trabajando en eso. Hoy, en mi fuero interno, estoy complacido porque no me fui al aeropuerto y me quedé hasta terminar y pienso que eso es la cosa más importante que obtengo de toda esta experiencia. Además, soy parte de una de las franquicias de cine más exitosas que el mundo ha conocido hasta ahora y pude hacer muy buenas amistades. Trabajé con Johhny, Orlando, Keira, Geoffrey y el resto. Son buena gente y realmente lo pasamos muy bien.
- Naomie Harris comentó que usted y algunos de los actores se la pasaban contando chistes todo el tiempo.
- Eso es lo que hacemos los actores, tratamos de hacer reír al otro todo el tiempo, hasta que alguien grita: “¡Acción!” . Esa es mi experiencia en el trabajo; Johnny es muy gracioso y Geoffrey también. Y se decían muchos chistes. Lamento no acordarme de ninguno pero es que soy bastante viejo. Algo que siempre recuerdo, pero que no es una broma, es cuando hacíamos la escena de la gran batalla, y estábamos bajo la mayor máquina de lluvia que hayas visto en tu vida, mojados desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche. Tienen máquinas de viento que no te permiten pararte, para pararte tenés que hacer un gran esfuerzo y no podés mantener los ojos abiertos y hay humo por todas partes y gritos. En medio de eso, veo a Johhny todavía haciendo esa estúpida forma de caminar que tiene su personaje y es heroísmo puro: te hace sentir orgulloso de ser un actor. Trabajar con Johnny fue particularmente lindo. El es tan divertido que fue un desafío mantener la compostura porque nunca para.
- En esos primeros momentos, en que estaba medio bajoneado, ¿a quién recurría para compartir miserias?
- Me limitaba a ir a mi trailer y a tratar de no tomar mucho café y de no comer demasiado chocolate. Recurro a Bob Dylan. Si estoy triste recurro a Bob, si estoy contento, también. Lo escucho todo el tiempo y siempre lo tengo en el trailer. Tengo un espectro muy angosto, me obsesiono con las cosas, estoy obsesionado con los Rolling Stones, Bob Dylan y algunos otros artistas de soul y de blues. Pero básicamente recurro a Dylan, es mi respuesta para todo.
- Así que es fan de los Stones.
- Soy un gran fan de ellos, creo que siguen siendo la mejor banda de rock and roll del mundo. Uno se pregunta por qué cierta gente sobrevive y la razón es porque son los mejores.
- ¿Qué le dejó de recuerdo Keith Richards tras su paso por la filmación de Piratas?
- Tengo una foto de él que atesoro y que muy gentilmente me dejó porque cuando se fue lo extrañé mucho. La dedicatoria dice: “Perdón por no haberme podido despedir, hombre calamar. Hasta la próxima Bill”. Lo importante es que al final me llamó por mi nombre lo cual fue un lindo gesto (carcajadas).
- ¿Pide pulpo o calamar en un restaurante ahora?
- ¡No, jamás! ¿Cómo te atreves? Son mi gente, nunca más toqué un calamar desde el momento en que obtuve este papel y juro que jamás los tocaré. Los calamares también tienen sentimientos, son mi gente y los quiero en libertad. Prometo que nunca más los tendré en mi boca.
*Enviada especial a Los Angeles

Entrevista a Orlando Bloom, por su papel en Piratas del Caribe para revista Noticias

Personajes Orlando Bloom (30)

“Lo importante es el equilibrio”

Recién separado de la actriz Kate Bosworth, el actor de “Piratas del Caribe” desmiente que quiera cambiar el cine por el teatro.
Por Georgina Dritsos (desde Los Angeles)


En enero, Orlando Bloom cumplió 30 años y lo festejó nada menos que en Hawaii, en medio de la filmación de "Piratas del Caribe: En el fin del mundo", donde retomó el personaje de Will Turner en la exitosísima trilogía que protagoniza junto a Johnny Depp y Keira Knightley. "Me encantó cumplir 30. Tuve un gran cumpleaños, nos divertimos, vinieron mis amigos y mi familia al set de filmación. Fue realmente lindo", comenta el actor inglés, nacido en Canterbury, y uno de los sex symbols del momento.
Justamente, la familia es todo un tema para él, porque hasta los 13 años creyó que era hijo del activista Harry Bloom, un novelista, abogado y político sudafricano consagrado a la lucha por los derechos humanos, que trabajó con Nelson Mandela y falleció de un ataque al corazón cuando OB tenía 4 años. Pero un día la madre, Sonia Copeland, nacida en Calcuta, le confesó que era hijo biológico de su segundo marido, Colin Stone, viejo amigo de la familia y quien habría sido su guardaespaldas. Casi nada. Además, Orlando tuvo que luchar con una dislexia y, a los 21, estuvo a punto de usar una silla de ruedas para siempre, luego de caerse del tercer piso de la casa de un amigo.
En persona, parece algo desgarbado en su 1,80 metro y bastante más delgado que su personaje, el "Legolas", de la trilogía "El señor de los anillos", papel por el que alcanzó el estatus de estrella de Hollywood. Distanciado hace nueve meses de su novia Kate Bosworth, Orlando es vegetariano, no come lácteos y le apasionan los deportes de riesgo; practica snowboard, surf y paracaidismo y se ha lesionado, entre otras cosas, la nariz, las costillas, las piernas, la cabeza y un brazo. En cambio, no ve televisión ni navega por internet. "Orli", como lo llaman, admira a Paul Newman, Johnny Deep y Daniel Day Lewis.

Noticias: ¿Qué hay del rumor de que querés alejarte del cine para dedicarte al teatro?
Orlando Bloom: Me encanta trabajar en películas y mi decisión de hacer teatro fue porque pensé que era ahora o nunca. Recibí varias propuestas para cine, pero siento una responsabilidad hacia mis orígenes en la Escuela de Arte Dramático y amo el teatro que se hace en Londres. Allí quiero pulir los cimientos de mis trabajo como actor. Quiero trabajar con un público en vivo y, para mí y para cualquier actor, nada es más intimidante. Es un gran desafío.

Noticias: ¿Tus compañeros de elenco, como Geoffrey Rush y Bill Nighy, te sirvieron de ejemplo en ese sentido?
Bloom: Sí, totalmente. A Geoffrey lo vi en el escenario un par de veces y a Bill lo fui a ver recientemente. Tanto ellos como el resto de los actores que admiro profundamente han sabido combinar el teatro con el cine. Con eso se mantienen en forma a nivel actoral. Así que quiero seguir ese camino. Siento como si hubiera hecho películas de piratas la mayor parte de mi vida. Adoro este personaje. Como actor, me siento un contador de historias y que la gente se interese en escucharlas es una gran recompensa. Es el motivo por el cual hacemos películas: para que la gente las disfrute. Estoy feliz porque vuelvo a Londres a hacer teatro, pero no significa que piense dejar el cine.

Noticias: Para muchos actores establecidos en el cine, el teatro ha sido su manera de volver atrás y mostrar su oficio. Por ejemplo, Daniel Radcliffe, el protagonista de "Harry Potter", se acaba de desnudar en una obra en Londres.

Noticias: ¿Seguirías un camino semejante?
Bloom: (risas) ¿Desnudarme en Londres? No, en serio, sé que también me puedo sentir cómodo en el teatro, pero como no lo hice aún, va a ser un desafío. Si bien es algo atemorizante, me gustan los desafíos y voy a hacer mi mejor esfuerzo.

Noticias: Todos estos años estuviste ocupado filmando la trilogía de "Piratas del Caribe" y antes, la de "El Señor de los anillos". Ahora que vas a tener tiempo libre, ¿qué te gustaría hacer?
Bloom: Cuando trabajás en un ambiente tan surrealista como el del cine necesitás desenchufarte leyendo un libro, escuchando música o estando con amigos, que es lo que tenés ganas de hacer pero nunca tenés tiempo. Ahora, por ejemplo, acabo de llegar de la Antártida, estuve durante tres semanas con mi primo y viajamos en un rompehielos noruego, compartiendo el baño con 20 personas. Fue fascinante ver lo que está en riesgo en nuestro planeta.

Noticias: ¿Tomás partido en defensa del medioambiente?
Bloom: El medioambiente es un tema tan masivo, que todos creemos que es a todo o nada, pero no es tan así. Si uno conduce un auto que consume mucho combustible puede usar lámparas de bajo consumo o, por lo menos, ser conciente de apagar las luces. O, si tenés la plata para manejar un auto caro, también podés hacer una donación o plantar árboles. En mi casa, en Londres, uso paneles solares como fuente de energía. Uno hace lo que puede, lo importante es el equilibrio.

Noticias: Hace un tiempo se estrenó la película "Hotel Rwanda", luego "Diamante de sangre", entre otros filmes sobre la causa de los derechos humanos por los cuales trabajaba tu padre, y comentaste que te gustaron mucho. ¿Fue por él?
Bloom: Creo que esas películas sacan a la luz los conflictos en distintas partes del mundo y lo hacen con coraje, usando al cine como medio. Me encantaría protagonizar ese tipo de historias.

Noticias: ¿En qué punto está hoy tu carrera?
Bloom: Ser parte de una exitosa trilogía de películas por tanto tiempo ha sido fantástico, pero quisiera volver a lo básico. Miro mi vida y pienso que he sido muy afortunado, pero también me planteo hacer algo completamente distinto y que implique un desafío. Soy muy afortunado en poder decir que me siento a gusto en un gran set de filmación.

Noticias: ¿Qué cualidades tiene Johnny Deep que te gustaría tener?
Bloom: Johnny es probablemente uno de los actores de cine, una de las estrellas, con más agallas que existen hoy. Ha basado su carrera en no tener miedo de equivocarse. Si como actor yo pudiera tener algo parecido a esa virtud, estaría muy satisfecho.

Noticias: Hacia el final de la película tu personaje se convierte en capitán. En la vida real, ¿te resulta sencillo ser un líder?
Bloom: En realidad, durante mi etapa escolar me acostumbré a eso porque siempre era capitán en los deportes que jugaba: hockey y fútbol. Luego recibí mucha atención muy rápido, por actuar en "El señor de los anillos", y eso me hizo meterme para adentro. Me hizo más tímido, no sabía cómo reaccionar a tanta atención y aún estoy aprendiendo a salir de mí mismo. Un poco por eso también, quiero hacer teatro.

Noticias: ¿Para ganar autoconfianza?
Bloom: Sí, va a ser divertido, sé que soy capaz de hacerlo y no tengo miedo de cometer errores en el camino. Cuando sos parte de un éxito tan grande, la gente te sigue asociando con ese éxito y, por momentos, pareciera que hubiera más en juego. Pero, a medida que crezco, me doy cuenta de que no tengo nada que perder y todo que ganar.

Noticias: ¿Te gustaría formar una familia pronto?
Bloom: No, no tan pronto. Pero me gustaría tener una familia propia algún día. Cuando encuentre a la compañera adecuada, voy a ser muy feliz.

Entrevista a Geoffrey Rush, por su papel en Piratas del Caribe

espectáculos

Geoffrey Rush

Villano, astuto y taimado

El australiano que es el capitán Barbossa en la taquillera saga Piratas del Caribe, revela que se inspiró en Winston Churchill para crear a su personaje. Irónico, suelta que “es un gran momento” verse como corsario dentro de una cajita de plástico de merchandising. Keith Richards, asegura, fue un “demonio de Tasmania en el set” .

Georgina Dritsos*
2007-06-03 05:59:05

Se nota que Rush está contento: además de reírse varias veces durante la entrevista, se esmera en contar con mucho detalle, y con un inglés que delata su origen australiano, todos los pormenores del rodaje de Piratas del Caribe: en el fin del mundo, que en el primer fin de semana de estreno en Argentina batió el récord histórico nacional de ser la película más vista en tan corto plazo (584.910 espectadores).

—Su personaje, el capitán Barbossa, ¿es realmente un mal tipo?
—Siempre trato de no emitir juicio sobre ninguno de mis personajes, pero presto atención a las tradiciones en las que están involucrados. Y ciertamente Barbossa tiene todas las características y los atributos como para ser el villano. En el principio de la saga, el director Gore Verbinski siempre me decía: “Me gustan las interpretaciones que muestran naturalezas ambiguas, contradictorias”. Acá, lo que se muestra del personaje es el afuera, nunca se sabe bien qué pasa por su cabeza. Eso te da un margen para explorar cuáles pueden ser sus parámetros. En esta parte de Piratas, Barbossa se vuelve un Winston Churchill. De hecho, me lo imaginé como él, como si fuera un político, porque sigue siendo astuto y nada confiable. Pero todos los personajes tienen propósitos ocultos, no sólo él. Esta tercera parte es como una novela de Dickens, la historia va por muchos lugares al mismo tiempo. Y los autores hicieron confluir todas esas puntas en una importante escena que es la de la gran tormenta, en la que todos están atrapados. La metáfora es evidente.

—¿Fue difícil filmar esa tormenta?
—Técnicamente fue muy difícil. Ambos barcos –El Holandés Errante y el Perla Negra– fueron ubicados en un enorme hangar para aviones, del tamaño de cuatro canchas de fútbol. Los barcos eran tan grandes que no entraban en ningún estudio de Los Angeles. Nosotros, los actores, teníamos todos los accesorios encima y de fondo había unos 150 piratas peleando con espadas. Como la escena requería una tormenta, nos tenían que tirar lluvia en cada una de las tomas. Era lluvia bien pesada, me corría los lentes de contacto, mi disfraz pesaba el triple, las botas se llenaban de agua y yo seguía saltando y peleando con la espada. Hay una secuencia en particular, entre Will Turner (Orlando Bloom) y Elizabeth Swann (Keira Knightley) que realmente parece sacada de una película de los hermanos Marx. Me encantó.

—¿Cómo explica la popularidad de esta franquicia? ¿Cuánto tuvo que ver en dicho éxito el Capitán Jack Sparrow?
—Creo que con Jack Sparrow,
Johnny Depp logra una actuación muy original. Si vas a ver una película de piratas, seguramente verás a alguien como el Capitán Barbossa, yo me caigo del árbol genealógico que contenía al pirata Long
John Silver, de La isla del tesoro, y Will Turner, aunque niegue ser un pirata, también se cayó de un árbol que tenía a
Tyrone Power, Errol Flynn y Burt Lancaster cuando eran jóvenes. Johnny se cayó del mismo árbol que cayó Keith
Richards (carcajadas). Estoy maravillado con su actuación. En toda la historia de Hollywood creo que no hubo ningún otro actor, quizá sólo Marlon Brando, que en un período de, ponele diez años, haya hecho tantas y tan distintas interpretaciones, en contra de las tendencias populares de la industria.

—¿Por ejemplo?
—Cuando Brando hizo Un tranvía llamado deseo, o fue Marco Antonio en Julio César, o al actuar en Guys and Dolls... y Johnny está siguiendo esa línea, haciendo papeles de una manera muy rebelde. En todos los filmes que ha hecho, como Ed Wood o El joven manos de tijera, ha realizado interpretaciones únicas, icónicas. Es maravilloso que también haya logrado una actuación original en la saga pop-corn de Jerry Bruckheimer y Disney, y además, haya sido nominado para el Oscar.

—¿Nos puede contar alguna anécdota de la filmación?
—Gore no es el tipo de director que filma treinta tomas para encontrar la correcta. Excepto cuando aparece el mono, ahí sí se requieren muchas tomas para que salga bien. Cuando bajo de las escaleras, al final de Piratas 2, estábamos en la toma 28, aunque siempre hacemos tres, pero Gore me decía: “Quiero ver caer el jugo de tu manzana y al mono mirar hacia adelante y que todo pase al mismo tiempo, es muy importante”. Finalmente, terminamos y Gore me dijo: “La expresión del mono estaba buena en la toma 15, pero tu manzana no. Así que digitalmente voy a unir ambas actuaciones”, que es algo que hoy se puede hacer en las películas.

—¿Cómo fue el paso de
Keith Richards por el set de filmación?
—Keith llegó como la leyenda del rock que es. El es el verdadero pirata. Es un tipo mitológico y a su alrededor se tejen varias leyendas, lo cual hace ver a Jack Sparrow casi como un tipo formal. Keith llegó al set desde ningún lugar, como el Demonio de Tasmania, estuvo cuatro días y filmó sus escenas, que están muy buenas.

—¿Cómo se lleva con la tecnología digital, siendo un actor de origen teatral?
—Por suerte en ninguna de las tres películas de Piratas tuvimos que actuar frente a una pantalla completamente verde con cosas que en realidad no estaban allí. Sí tuvimos que imaginarnos que Bill Nighy era Davy Jones (el hombre pulpo de la saga), porque en realidad Bill usaba un patético pijama color gris y parecía que estaba todo cableado para someterse a una cirugía. Tenía un montón de sensores azules en todo el cuerpo y en su cabeza había como una especie de televisor blanco y negro de los años ’50 que al moverse le marcaba a la computadora del estudio dónde tenía que insertar los tentáculos. Estábamos ahí, con Jack, Elizabeth y Davy, que estaba en un balde, porque tenía que estar allí. Ver a Bill vestido así, adentro de un balde, te hace sentir que tu carrera está en su punto más alto (risas).

—¿Cómo vive la masividad del fenómeno “Piratas del Caribe”?
—Es algo muy distinto a mi trabajo en teatro. En Australia te pueden ir a ver unas 20 mil personas en total a lo largo de unas 8 semanas y, además, en el teatro no hacen el muñeco de Hamlet o de Fígaro. Es un gran momento de tu vida cuando de repente ves a tu personaje en una caja de plástico. No sé sí es lo más importante, pero si es un ejemplo del fenómeno. O mismo, ser honrado con un pirata animado de varios metros de altura, que solía ser Barba Negra y ahora es el Capitán Barbossa, me refiero al juego de piratas que está en Disneylandia desde donde se originó la película.

—¿Le gustaría dirigir cine?
—Por el momento no lo he pensado, por ahí algún día me aburro de actuar, no lo sé. Igualmente, todavía me satisface y me resulta interesante. Ser director es muy duro, particularmente con una película así. Para Piratas 2 y algunas escenas de la 3, iba desde Melbourne hasta Hawai durante todo 2005. Volvía a casa por tres semanas y filmaba otra película, pero Gore y el equipo estaban ahí desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde, 6 días a la semana mientras yo estaba en casa. Es muy demandante, te agota.

—¿Cuál es su próximo proyecto en cine?
—Elizabeth: The Golden Age, con Cate Blanchett. Es otro capítulo en la historia de la vida de Elizabeth I; vi una edición en bruto y está fantástica. Es una historia compleja y metafórica que abarca más de 50 años. A la gente le da mucha intriga la vida de una mujer que llegó a ser reina. Yo sigo actuando de sir Francis Walsingham, que es su secretario de Estado. La historia transcurre en los años 1500, es sobre el conflicto con España, con la armada española, y el regreso de Walter Raleigh del Nuevo Mundo. Ese es el marco histórico, pero el film en realidad es sobre una mujer de mediana edad.

—Si viviera en un barco, ¿sería capitán o marinero?
—Soy un marinero: si sos un actor, siempre sos un marinero. Jerry Bruckheimer (el productor de Piratas) es el capitán. ¡No sé quién es el mono!



Larga vida al rey

Si bien desde su papel protagónico en Claroscuro –que le valió un Oscar y el reconocimiento mundial– cada vez filma más películas en Hollywood, Rush confiesa que no tiene ningún interés en radicarse en los Estados Unidos. Sigue viviendo en su Australia natal, donde acaba de actuar en una obra de teatro, por primera vez en los últimos cinco años, si bien sus raíces son netamente teatrales.
Esta vez, interpretó una pieza de Eugene Ionesco, El rey se muere, “sobre la muerte de un rey y sobre la crisis moral y ética de un reino a la que el pueblo ha sido arrastrado por este rey narcisista”. Rush considera que la obra, que además tradujo al inglés, “es brillante; es una obra maestra del teatro del siglo XX que había sido olvidada, aunque está a la altura de otros clásicos del género como Esperando a Godot”. A Geoffrey también le encantaría interpretar una adaptación de Don Quijote de la Mancha, según confiesa estusiasmado.

*desde Los Angeles.

Genéricos

ACTUALIDAD / Por GEORGINA DRITSOS



SUDÁFRICA, BRASIL Y EL CASO ARGENTINO


EL SIDA COMIENZA A GANAR EL JUICIO La noticia de que Brasil tomó por su cuenta la fabricación de medicamentos contra el virus y el juicio que abandonaron los grandes laboratorios contra Sudáfrica por la misma razón, ponen sobre el tapete un problema que trasciende el dinero. La ofensiva que se viene contra el gobierno argentino por las patentes. "El problema presentado como 'los pobres enfermos africanos contra los malos laboratorios farmacéuticos' terminó en un triunfo aparente de las organizaciones no gubernamentales, lo cual es un hecho remarcable", analiza para 3 puntos el especialista argentino Jorge Vila desde París, la ciudad donde reside. El científico se refiere a la reciente victoria diplomático-comercial del gobierno sudafricano, al lograr que las 39 empresas farmacéuticas que le habían iniciado una demanda para impedir la importación y fabricación de genéricos para combatir el sida -se llama así a todo medicamento que contiene la droga original, pero que no es fabricado por el laboratorio que la desarrolló- quedara, por el momento, en la nada. Al haber desistido del proceso judicial contra Sudáfrica, donde hay 4,7 millones de infectados, se sienta un importante antecedente en el marco de un conflicto global que involucra también a otros países, como Brasil, y en el que entran en juego dos fuerzas de choque: por un lado, los intereses económicos de los grandes laboratorios multinacionales por asegurarse sus ingresos por derechos de patentes; y por el otro, la necesidad de los países en desarrollo de implementar políticas que abaraten los costos de los medicamentos contra el virus. Los grandes laboratorios quieren asegurarse hasta el último centavo de sus ingresos por patentes. En su defensa esgrimen que ésa es la única forma de garantizar la continuidad de sus investigaciones para desarrollar nuevos productos. Pero, en el caso Sudáfrica, su ofensiva contra la decisión del gobierno de fabricar genéricos contra el sida no les deparó un final feliz. La falta de información fehaciente sobre las cifras que gastan en investigación, sobre sus ganancias y sobre las millonarias campañas publicitarias y de marketing que realizan, no hicieron más que cubrir a los laboratorios con un manto de sospecha. BRASIL, LA PRIMERA PIEDRA ¿Por qué Jorge Vila habla de "un triunfo aparente"? Según el especialista, porque el problema de fondo sigue existiendo. Y lo demuestra con cifras: "Hay más de 35 millones de infectados en el planeta, de los cuales 26 millones están en África (y especialmente, en Sudáfrica). Por eso digo que es un triunfo aparente que tiene que transformarse en un triunfo real para la población africana, y más aun, en un triunfo de los países en vías de desarrollo para mostrar su capacidad de defender sus derechos fundamentales". Justamente sobre la base de defender estos derechos es que Brasil empezó en 1997 a fabricar sus propios genéricos contra el sida, lo que le permitió ahorrar 677 millones de dólares desde entonces. Nuestros vecinos se amparan en la ley de patentes local, según la cual la fabricación de medicamentos está permitida en caso de emergencia nacional -y son casi 90 mil personas las que reciben atención gratuita en ese país-. La medida surge, obviamente, como respuesta a las elevadas cifras que hay que desembolsar por los medicamentos originales y ha puesto de muy mal humor al gobierno norteamericano, cuyo argumento es que Brasil está incurriendo en prácticas proteccionistas. "Las autoridades brasileñas pretenden que las empresas extranjeras produzcan en su país en vez de importar", sostuvo la administración Bush, que además teme que los brasileños logren exportar medicamentos o transferir tecnología de producción a otros países en desarrollo, como Sudáfrica. Ahora bien, ¿qué ocurre en la Argentina? "Nuestra situación es más parecida a la de Brasil que a la de Sudáfrica -responde Pedro Cahn, director de la Fundación Huésped y presidente del congreso mundial sobre sida que se realizará en Buenos Aires en el mes de julio-, aunque Brasil tiene una política más coherente y definida que la nuestra. Los dos usamos genéricos y logramos bajar los precios significativamente. Nosotros los compramos a quienes nos los vendan más baratos, y allá los fabrica el propio gobierno." Según los datos oficiales, en la Argentina, 17.615 personas enfermas reciben a través del Ministerio de Salud todas las drogas en forma gratuita. Otros 5.000 las reciben también gratuitamente de parte de sus respectivas obras sociales, según lo dispuesto por las leyes 23.798 y 24.455, derecho ratificado por la Corte Suprema de Justicia. Mabel Bianco, directora de la Unidad Coordinadora y Ejecutora del HIV/SIDA y ETS del Ministerio de Salud, se muestra optimista: "En el año 2000 se incorporaron nuevas copias de medicamentos para el sida. Las compras, efectuadas en licitaciones públicas, y una mayor insistencia en las negociaciones con los ofertantes, permitieron bajar algunos precios en forma significativa, cubriéndose con el presupuesto la atención de un 40 por ciento más de pacientes en relación al 99". SITUACIÓN ARGENTINA Según todas las fuentes consultadas, la provisión de medicamentos por parte del Ministerio de Salud argentino, que cuenta con 70 millones de dólares anuales para comprar drogas antirretrovirales, está funcionado bien a grandes rasgos, aunque siempre con algún aspecto a corregir. "El problema que tuvimos fue que los subsidios que requieren las obras sociales estuvieron demorados cuatro meses", apunta el especialista Daniel Stamboulian. "Si nos comparamos con Bolivia, donde la provisión de medicamentos por parte del gobierno es nula, y con Chile, donde es parcial, estamos bárbaro. El sistema está funcionando bien, con las dificultades de cualquier sistema burocrático que debería ser más ágil", sostiene, por su parte, Cahn.Mientras, César Cigliutti, presidente de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) dice: "Últimamente no hemos tenido problemas, pero apenas surge uno, salimos a patalear para conseguir lo que necesitamos". La diputada justicialista y médica infectóloga Adriana Bevacqua es menos optimista. "El sistema funciona con altibajos. Este último trimestre está bastante normalizada la provisión, pero el año pasado algunos productos faltaban y otros se entregaban en forma fraccionada. En el Hospital San Martín de Paraná, donde soy la jefa del Servicio de Infectología, venimos de no tener, durante un mes, la droga Afavirenz. Recién ahora se normalizó la entrega." Bevacqua recalca también que, durante el gobierno de Carlos Menem, la presión mediática era mucho mayor. "Apenas faltaba un medicamento salía en todos los diarios. Ahora pasa totalmente desapercibido." Según la diputada, en la Argentina existen prácticamente los genéricos de todos los medicamentos contra el virus. "En el mercado hay alrededor de 13 tipos de AZT de diferentes empresas y todas las que se presentan a licitación deben tener autorización del ANMAT" (Administración de Medicamentos, Alimentos y Tecnología). En su defensa de los productos originales, otro de los argumentos que esgrimen los laboratorios internacionales es el de la probable falta de calidad y por lo tanto de confiabilidad, de los genéricos. "Hay una necesidad desesperada de medicamentos. La calidad es obviamente importante, pero es uno de los aspectos, y no el más importante. Es como si dijéramos: 'Necesitamos pan, ¿es lo suficientemente fresco?'. Necesitamos las drogas y serán bienvenidas, vengan de donde vengan", dijo Stefano Vella, presidente de la Sociedad Internacional de Sida en recientes declaraciones al The New York Times.Para evitar estos problemas,una resolución de la ANMAT determina que, sin excepción, las drogas para tratar el HIV deberán pasar por todas las pruebas de bioequivalencia y biodisponibilidad, mediante las cuales deberán demostrar su calidad y su eficacia. LEY DE PATENTES En 1995 se aprobó en el país la ley a partir de la cual los laboratorios tenían un plazo de cinco años para adaptarse al nuevo régimen. La ley, que empezó a regir el año pasado, implica que cada nuevo producto debe ser patentado ante el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), convirtiéndose así en los primeros productos con protección legal. La doctora Mirta Levis, directora ejecutiva de la Asociación Latinoamericana de Industrias Farmacéuticas (ALIFAR), se refiere a las consecuencias de la ley: "Hasta ahora se podía patentar el procedimiento, no el producto. Ante un caso de abuso de poder o una situación de emergencia, como la de Sudáfrica, la ley tiene mecanismos para que el gobierno autorice la fabricación de cualquier producto. Al existir una patente, un solo productor puede fabricar un determinado producto durante veinte años. Por lo tanto, se corre el riesgo de monopolio, de que haya menos oferta y precios más altos".Otra de las críticas que se le hacen a esta legislación es que presenta baches en el tema genéricos, es decir en cuanto a la posibilidad de que los medicamentos sean fabricados a nivel local sin sanciones por parte de los Estados Unidos. Por eso, la diputada Bevacqua y la abogada Verónica Usin propusieron el año pasado algunas modificaciones a la Ley de Patentes, que por el momento no han sido tratadas. Básicamente, Bevacqua pide que "se reinterprete el concepto de explotación de un producto para permitir que se puedan fabricar los medicamentos en el país con mano de obra e insumos locales, evitando así que 'explotación' termine significando nada más que importación". Por su parte, el gobierno norteamericano ha pedido a la OMC (Organización Mundial de Comercio) que se expida sobre la presunta violación de patentes en la industria farmacéutica, aunque paralelamente también decidió alabar al gobierno de Fernando de la Rúa por su voluntad de "hacer cumplir la ley". Más allá de los elogios, parece inminente una nueva ofensiva de la administración Bush -no casualmente dos de sus principales asesores provienen de la industria farmacéutica- contra el gobierno argentino. "Hubo ya varias reuniones oficiales y muy pronto saldrá la demanda formal por parte de Estados Unidos", adelanta Levis.El panorama es tan amplio como complejo. Aunque algunos laboratorios se comprometieron a bajar los precios de sus medicamentos en África, todavía queda pendiente una resolución del tema Brasil y la puesta en marcha de la utilización de genéricos en Sudáfrica, algo difícil de realizar ya que por el momento no están dadas las condiciones sanitarias. Mientras tanto, y en espera de la sesión extraordinaria sobre sida que la Asamblea General de la ONU realizará en su sede de Nueva York el mes próximo, Kofi Annan, el secretario de la organización pidió al gobierno de Bush más dinero para la lucha contra el virus en África. Según el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, "para comenzar un programa efectivo de prevención y tratamiento en ese continente hacen falta entre 3.000 y 4.000 millones de dólares por año". Es decir, una cifra diez veces mayor que la que a tal efecto provee hoy el mundo desarrollado.