ACTUALIDAD / Por GEORGINA DRITSOS
SUDÁFRICA, BRASIL Y EL CASO ARGENTINO
EL SIDA COMIENZA A GANAR EL JUICIO La noticia de que Brasil tomó por su cuenta la fabricación de medicamentos contra el virus y el juicio que abandonaron los grandes laboratorios contra Sudáfrica por la misma razón, ponen sobre el tapete un problema que trasciende el dinero. La ofensiva que se viene contra el gobierno argentino por las patentes. "El problema presentado como 'los pobres enfermos africanos contra los malos laboratorios farmacéuticos' terminó en un triunfo aparente de las organizaciones no gubernamentales, lo cual es un hecho remarcable", analiza para 3 puntos el especialista argentino Jorge Vila desde París, la ciudad donde reside. El científico se refiere a la reciente victoria diplomático-comercial del gobierno sudafricano, al lograr que las 39 empresas farmacéuticas que le habían iniciado una demanda para impedir la importación y fabricación de genéricos para combatir el sida -se llama así a todo medicamento que contiene la droga original, pero que no es fabricado por el laboratorio que la desarrolló- quedara, por el momento, en la nada. Al haber desistido del proceso judicial contra Sudáfrica, donde hay 4,7 millones de infectados, se sienta un importante antecedente en el marco de un conflicto global que involucra también a otros países, como Brasil, y en el que entran en juego dos fuerzas de choque: por un lado, los intereses económicos de los grandes laboratorios multinacionales por asegurarse sus ingresos por derechos de patentes; y por el otro, la necesidad de los países en desarrollo de implementar políticas que abaraten los costos de los medicamentos contra el virus. Los grandes laboratorios quieren asegurarse hasta el último centavo de sus ingresos por patentes. En su defensa esgrimen que ésa es la única forma de garantizar la continuidad de sus investigaciones para desarrollar nuevos productos. Pero, en el caso Sudáfrica, su ofensiva contra la decisión del gobierno de fabricar genéricos contra el sida no les deparó un final feliz. La falta de información fehaciente sobre las cifras que gastan en investigación, sobre sus ganancias y sobre las millonarias campañas publicitarias y de marketing que realizan, no hicieron más que cubrir a los laboratorios con un manto de sospecha. BRASIL, LA PRIMERA PIEDRA ¿Por qué Jorge Vila habla de "un triunfo aparente"? Según el especialista, porque el problema de fondo sigue existiendo. Y lo demuestra con cifras: "Hay más de 35 millones de infectados en el planeta, de los cuales 26 millones están en África (y especialmente, en Sudáfrica). Por eso digo que es un triunfo aparente que tiene que transformarse en un triunfo real para la población africana, y más aun, en un triunfo de los países en vías de desarrollo para mostrar su capacidad de defender sus derechos fundamentales". Justamente sobre la base de defender estos derechos es que Brasil empezó en 1997 a fabricar sus propios genéricos contra el sida, lo que le permitió ahorrar 677 millones de dólares desde entonces. Nuestros vecinos se amparan en la ley de patentes local, según la cual la fabricación de medicamentos está permitida en caso de emergencia nacional -y son casi 90 mil personas las que reciben atención gratuita en ese país-. La medida surge, obviamente, como respuesta a las elevadas cifras que hay que desembolsar por los medicamentos originales y ha puesto de muy mal humor al gobierno norteamericano, cuyo argumento es que Brasil está incurriendo en prácticas proteccionistas. "Las autoridades brasileñas pretenden que las empresas extranjeras produzcan en su país en vez de importar", sostuvo la administración Bush, que además teme que los brasileños logren exportar medicamentos o transferir tecnología de producción a otros países en desarrollo, como Sudáfrica. Ahora bien, ¿qué ocurre en la Argentina? "Nuestra situación es más parecida a la de Brasil que a la de Sudáfrica -responde Pedro Cahn, director de la Fundación Huésped y presidente del congreso mundial sobre sida que se realizará en Buenos Aires en el mes de julio-, aunque Brasil tiene una política más coherente y definida que la nuestra. Los dos usamos genéricos y logramos bajar los precios significativamente. Nosotros los compramos a quienes nos los vendan más baratos, y allá los fabrica el propio gobierno." Según los datos oficiales, en la Argentina, 17.615 personas enfermas reciben a través del Ministerio de Salud todas las drogas en forma gratuita. Otros 5.000 las reciben también gratuitamente de parte de sus respectivas obras sociales, según lo dispuesto por las leyes 23.798 y 24.455, derecho ratificado por la Corte Suprema de Justicia. Mabel Bianco, directora de la Unidad Coordinadora y Ejecutora del HIV/SIDA y ETS del Ministerio de Salud, se muestra optimista: "En el año 2000 se incorporaron nuevas copias de medicamentos para el sida. Las compras, efectuadas en licitaciones públicas, y una mayor insistencia en las negociaciones con los ofertantes, permitieron bajar algunos precios en forma significativa, cubriéndose con el presupuesto la atención de un 40 por ciento más de pacientes en relación al 99". SITUACIÓN ARGENTINA Según todas las fuentes consultadas, la provisión de medicamentos por parte del Ministerio de Salud argentino, que cuenta con 70 millones de dólares anuales para comprar drogas antirretrovirales, está funcionado bien a grandes rasgos, aunque siempre con algún aspecto a corregir. "El problema que tuvimos fue que los subsidios que requieren las obras sociales estuvieron demorados cuatro meses", apunta el especialista Daniel Stamboulian. "Si nos comparamos con Bolivia, donde la provisión de medicamentos por parte del gobierno es nula, y con Chile, donde es parcial, estamos bárbaro. El sistema está funcionando bien, con las dificultades de cualquier sistema burocrático que debería ser más ágil", sostiene, por su parte, Cahn.Mientras, César Cigliutti, presidente de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) dice: "Últimamente no hemos tenido problemas, pero apenas surge uno, salimos a patalear para conseguir lo que necesitamos". La diputada justicialista y médica infectóloga Adriana Bevacqua es menos optimista. "El sistema funciona con altibajos. Este último trimestre está bastante normalizada la provisión, pero el año pasado algunos productos faltaban y otros se entregaban en forma fraccionada. En el Hospital San Martín de Paraná, donde soy la jefa del Servicio de Infectología, venimos de no tener, durante un mes, la droga Afavirenz. Recién ahora se normalizó la entrega." Bevacqua recalca también que, durante el gobierno de Carlos Menem, la presión mediática era mucho mayor. "Apenas faltaba un medicamento salía en todos los diarios. Ahora pasa totalmente desapercibido." Según la diputada, en la Argentina existen prácticamente los genéricos de todos los medicamentos contra el virus. "En el mercado hay alrededor de 13 tipos de AZT de diferentes empresas y todas las que se presentan a licitación deben tener autorización del ANMAT" (Administración de Medicamentos, Alimentos y Tecnología). En su defensa de los productos originales, otro de los argumentos que esgrimen los laboratorios internacionales es el de la probable falta de calidad y por lo tanto de confiabilidad, de los genéricos. "Hay una necesidad desesperada de medicamentos. La calidad es obviamente importante, pero es uno de los aspectos, y no el más importante. Es como si dijéramos: 'Necesitamos pan, ¿es lo suficientemente fresco?'. Necesitamos las drogas y serán bienvenidas, vengan de donde vengan", dijo Stefano Vella, presidente de la Sociedad Internacional de Sida en recientes declaraciones al The New York Times.Para evitar estos problemas,una resolución de la ANMAT determina que, sin excepción, las drogas para tratar el HIV deberán pasar por todas las pruebas de bioequivalencia y biodisponibilidad, mediante las cuales deberán demostrar su calidad y su eficacia. LEY DE PATENTES En 1995 se aprobó en el país la ley a partir de la cual los laboratorios tenían un plazo de cinco años para adaptarse al nuevo régimen. La ley, que empezó a regir el año pasado, implica que cada nuevo producto debe ser patentado ante el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), convirtiéndose así en los primeros productos con protección legal. La doctora Mirta Levis, directora ejecutiva de la Asociación Latinoamericana de Industrias Farmacéuticas (ALIFAR), se refiere a las consecuencias de la ley: "Hasta ahora se podía patentar el procedimiento, no el producto. Ante un caso de abuso de poder o una situación de emergencia, como la de Sudáfrica, la ley tiene mecanismos para que el gobierno autorice la fabricación de cualquier producto. Al existir una patente, un solo productor puede fabricar un determinado producto durante veinte años. Por lo tanto, se corre el riesgo de monopolio, de que haya menos oferta y precios más altos".Otra de las críticas que se le hacen a esta legislación es que presenta baches en el tema genéricos, es decir en cuanto a la posibilidad de que los medicamentos sean fabricados a nivel local sin sanciones por parte de los Estados Unidos. Por eso, la diputada Bevacqua y la abogada Verónica Usin propusieron el año pasado algunas modificaciones a la Ley de Patentes, que por el momento no han sido tratadas. Básicamente, Bevacqua pide que "se reinterprete el concepto de explotación de un producto para permitir que se puedan fabricar los medicamentos en el país con mano de obra e insumos locales, evitando así que 'explotación' termine significando nada más que importación". Por su parte, el gobierno norteamericano ha pedido a la OMC (Organización Mundial de Comercio) que se expida sobre la presunta violación de patentes en la industria farmacéutica, aunque paralelamente también decidió alabar al gobierno de Fernando de la Rúa por su voluntad de "hacer cumplir la ley". Más allá de los elogios, parece inminente una nueva ofensiva de la administración Bush -no casualmente dos de sus principales asesores provienen de la industria farmacéutica- contra el gobierno argentino. "Hubo ya varias reuniones oficiales y muy pronto saldrá la demanda formal por parte de Estados Unidos", adelanta Levis.El panorama es tan amplio como complejo. Aunque algunos laboratorios se comprometieron a bajar los precios de sus medicamentos en África, todavía queda pendiente una resolución del tema Brasil y la puesta en marcha de la utilización de genéricos en Sudáfrica, algo difícil de realizar ya que por el momento no están dadas las condiciones sanitarias. Mientras tanto, y en espera de la sesión extraordinaria sobre sida que la Asamblea General de la ONU realizará en su sede de Nueva York el mes próximo, Kofi Annan, el secretario de la organización pidió al gobierno de Bush más dinero para la lucha contra el virus en África. Según el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, "para comenzar un programa efectivo de prevención y tratamiento en ese continente hacen falta entre 3.000 y 4.000 millones de dólares por año". Es decir, una cifra diez veces mayor que la que a tal efecto provee hoy el mundo desarrollado.