Thursday, September 13, 2007

Entrevista a Geoffrey Rush, por su papel en Piratas del Caribe

espectáculos

Geoffrey Rush

Villano, astuto y taimado

El australiano que es el capitán Barbossa en la taquillera saga Piratas del Caribe, revela que se inspiró en Winston Churchill para crear a su personaje. Irónico, suelta que “es un gran momento” verse como corsario dentro de una cajita de plástico de merchandising. Keith Richards, asegura, fue un “demonio de Tasmania en el set” .

Georgina Dritsos*
2007-06-03 05:59:05

Se nota que Rush está contento: además de reírse varias veces durante la entrevista, se esmera en contar con mucho detalle, y con un inglés que delata su origen australiano, todos los pormenores del rodaje de Piratas del Caribe: en el fin del mundo, que en el primer fin de semana de estreno en Argentina batió el récord histórico nacional de ser la película más vista en tan corto plazo (584.910 espectadores).

—Su personaje, el capitán Barbossa, ¿es realmente un mal tipo?
—Siempre trato de no emitir juicio sobre ninguno de mis personajes, pero presto atención a las tradiciones en las que están involucrados. Y ciertamente Barbossa tiene todas las características y los atributos como para ser el villano. En el principio de la saga, el director Gore Verbinski siempre me decía: “Me gustan las interpretaciones que muestran naturalezas ambiguas, contradictorias”. Acá, lo que se muestra del personaje es el afuera, nunca se sabe bien qué pasa por su cabeza. Eso te da un margen para explorar cuáles pueden ser sus parámetros. En esta parte de Piratas, Barbossa se vuelve un Winston Churchill. De hecho, me lo imaginé como él, como si fuera un político, porque sigue siendo astuto y nada confiable. Pero todos los personajes tienen propósitos ocultos, no sólo él. Esta tercera parte es como una novela de Dickens, la historia va por muchos lugares al mismo tiempo. Y los autores hicieron confluir todas esas puntas en una importante escena que es la de la gran tormenta, en la que todos están atrapados. La metáfora es evidente.

—¿Fue difícil filmar esa tormenta?
—Técnicamente fue muy difícil. Ambos barcos –El Holandés Errante y el Perla Negra– fueron ubicados en un enorme hangar para aviones, del tamaño de cuatro canchas de fútbol. Los barcos eran tan grandes que no entraban en ningún estudio de Los Angeles. Nosotros, los actores, teníamos todos los accesorios encima y de fondo había unos 150 piratas peleando con espadas. Como la escena requería una tormenta, nos tenían que tirar lluvia en cada una de las tomas. Era lluvia bien pesada, me corría los lentes de contacto, mi disfraz pesaba el triple, las botas se llenaban de agua y yo seguía saltando y peleando con la espada. Hay una secuencia en particular, entre Will Turner (Orlando Bloom) y Elizabeth Swann (Keira Knightley) que realmente parece sacada de una película de los hermanos Marx. Me encantó.

—¿Cómo explica la popularidad de esta franquicia? ¿Cuánto tuvo que ver en dicho éxito el Capitán Jack Sparrow?
—Creo que con Jack Sparrow,
Johnny Depp logra una actuación muy original. Si vas a ver una película de piratas, seguramente verás a alguien como el Capitán Barbossa, yo me caigo del árbol genealógico que contenía al pirata Long
John Silver, de La isla del tesoro, y Will Turner, aunque niegue ser un pirata, también se cayó de un árbol que tenía a
Tyrone Power, Errol Flynn y Burt Lancaster cuando eran jóvenes. Johnny se cayó del mismo árbol que cayó Keith
Richards (carcajadas). Estoy maravillado con su actuación. En toda la historia de Hollywood creo que no hubo ningún otro actor, quizá sólo Marlon Brando, que en un período de, ponele diez años, haya hecho tantas y tan distintas interpretaciones, en contra de las tendencias populares de la industria.

—¿Por ejemplo?
—Cuando Brando hizo Un tranvía llamado deseo, o fue Marco Antonio en Julio César, o al actuar en Guys and Dolls... y Johnny está siguiendo esa línea, haciendo papeles de una manera muy rebelde. En todos los filmes que ha hecho, como Ed Wood o El joven manos de tijera, ha realizado interpretaciones únicas, icónicas. Es maravilloso que también haya logrado una actuación original en la saga pop-corn de Jerry Bruckheimer y Disney, y además, haya sido nominado para el Oscar.

—¿Nos puede contar alguna anécdota de la filmación?
—Gore no es el tipo de director que filma treinta tomas para encontrar la correcta. Excepto cuando aparece el mono, ahí sí se requieren muchas tomas para que salga bien. Cuando bajo de las escaleras, al final de Piratas 2, estábamos en la toma 28, aunque siempre hacemos tres, pero Gore me decía: “Quiero ver caer el jugo de tu manzana y al mono mirar hacia adelante y que todo pase al mismo tiempo, es muy importante”. Finalmente, terminamos y Gore me dijo: “La expresión del mono estaba buena en la toma 15, pero tu manzana no. Así que digitalmente voy a unir ambas actuaciones”, que es algo que hoy se puede hacer en las películas.

—¿Cómo fue el paso de
Keith Richards por el set de filmación?
—Keith llegó como la leyenda del rock que es. El es el verdadero pirata. Es un tipo mitológico y a su alrededor se tejen varias leyendas, lo cual hace ver a Jack Sparrow casi como un tipo formal. Keith llegó al set desde ningún lugar, como el Demonio de Tasmania, estuvo cuatro días y filmó sus escenas, que están muy buenas.

—¿Cómo se lleva con la tecnología digital, siendo un actor de origen teatral?
—Por suerte en ninguna de las tres películas de Piratas tuvimos que actuar frente a una pantalla completamente verde con cosas que en realidad no estaban allí. Sí tuvimos que imaginarnos que Bill Nighy era Davy Jones (el hombre pulpo de la saga), porque en realidad Bill usaba un patético pijama color gris y parecía que estaba todo cableado para someterse a una cirugía. Tenía un montón de sensores azules en todo el cuerpo y en su cabeza había como una especie de televisor blanco y negro de los años ’50 que al moverse le marcaba a la computadora del estudio dónde tenía que insertar los tentáculos. Estábamos ahí, con Jack, Elizabeth y Davy, que estaba en un balde, porque tenía que estar allí. Ver a Bill vestido así, adentro de un balde, te hace sentir que tu carrera está en su punto más alto (risas).

—¿Cómo vive la masividad del fenómeno “Piratas del Caribe”?
—Es algo muy distinto a mi trabajo en teatro. En Australia te pueden ir a ver unas 20 mil personas en total a lo largo de unas 8 semanas y, además, en el teatro no hacen el muñeco de Hamlet o de Fígaro. Es un gran momento de tu vida cuando de repente ves a tu personaje en una caja de plástico. No sé sí es lo más importante, pero si es un ejemplo del fenómeno. O mismo, ser honrado con un pirata animado de varios metros de altura, que solía ser Barba Negra y ahora es el Capitán Barbossa, me refiero al juego de piratas que está en Disneylandia desde donde se originó la película.

—¿Le gustaría dirigir cine?
—Por el momento no lo he pensado, por ahí algún día me aburro de actuar, no lo sé. Igualmente, todavía me satisface y me resulta interesante. Ser director es muy duro, particularmente con una película así. Para Piratas 2 y algunas escenas de la 3, iba desde Melbourne hasta Hawai durante todo 2005. Volvía a casa por tres semanas y filmaba otra película, pero Gore y el equipo estaban ahí desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde, 6 días a la semana mientras yo estaba en casa. Es muy demandante, te agota.

—¿Cuál es su próximo proyecto en cine?
—Elizabeth: The Golden Age, con Cate Blanchett. Es otro capítulo en la historia de la vida de Elizabeth I; vi una edición en bruto y está fantástica. Es una historia compleja y metafórica que abarca más de 50 años. A la gente le da mucha intriga la vida de una mujer que llegó a ser reina. Yo sigo actuando de sir Francis Walsingham, que es su secretario de Estado. La historia transcurre en los años 1500, es sobre el conflicto con España, con la armada española, y el regreso de Walter Raleigh del Nuevo Mundo. Ese es el marco histórico, pero el film en realidad es sobre una mujer de mediana edad.

—Si viviera en un barco, ¿sería capitán o marinero?
—Soy un marinero: si sos un actor, siempre sos un marinero. Jerry Bruckheimer (el productor de Piratas) es el capitán. ¡No sé quién es el mono!



Larga vida al rey

Si bien desde su papel protagónico en Claroscuro –que le valió un Oscar y el reconocimiento mundial– cada vez filma más películas en Hollywood, Rush confiesa que no tiene ningún interés en radicarse en los Estados Unidos. Sigue viviendo en su Australia natal, donde acaba de actuar en una obra de teatro, por primera vez en los últimos cinco años, si bien sus raíces son netamente teatrales.
Esta vez, interpretó una pieza de Eugene Ionesco, El rey se muere, “sobre la muerte de un rey y sobre la crisis moral y ética de un reino a la que el pueblo ha sido arrastrado por este rey narcisista”. Rush considera que la obra, que además tradujo al inglés, “es brillante; es una obra maestra del teatro del siglo XX que había sido olvidada, aunque está a la altura de otros clásicos del género como Esperando a Godot”. A Geoffrey también le encantaría interpretar una adaptación de Don Quijote de la Mancha, según confiesa estusiasmado.

*desde Los Angeles.